El 30 de abril de 2025, el Teatro Flores de Buenos Aires fue testigo de una noche inolvidable con la llegada de W.A.S.P., como parte de su gira sudamericana «Album ONE Alive», con la que celebran el 40º aniversario de su álbum debut. La banda liderada por Blackie Lawless prometió revivir toda la energía de sus inicios y no decepcionó.

La velada comenzó con Inazulina, una banda argentina que supo ganarse al público. Con una estética teatral, su vocalista Carolina Bakos deslumbró con su voz profunda. Los integrantes, ataviados con sus túnicas oscuras y la vocalista con un atuendo llamativo, lograron transportar a los presentes a una atmósfera que evocaba el ambiente del metal gótico ochentero.

Tras una breve pausa, el momento más esperado llegó. Las luces bajaron y, con un estallido de energía, W.A.S.P. irrumpió en escena con su himno “I Wanna Be Somebody”, provocando una explosión de euforia en el público. Desde el primer acorde, fue evidente que el alma de la banda, Blackie Lawless, sigue siendo una presencia imponente sobre el escenario. Con su característica voz rasposa, su melena salvaje y su mirada intensa, Lawless demostró por qué es considerado una leyenda viva del metal.

Siguieron clásicos como “L.O.V.E. Machine”, “Sleeping (In the Fire)”, “The Hellion” y muchos más. Cada canción fue acompañada por imágenes y fragmentos de videoclips originales proyectados en pantalla, en un juego visual que sumó nostalgia y emoción al espectáculo. El sonido fue crudo y potente, como debe ser, y la entrega del grupo demostró que, a pesar de los años, W.A.S.P. sigue siendo una fuerza imparable del glam y heavy metal.

Fue un verdadero viaje al pasado: una noche donde la música volvió a resonar con la intensidad de una época dorada que marcó a generaciones y sigue dejando huella en cada acorde.

El recital no estuvo exento de polémicas, ya que una de nuestras reviewers informó algunos sucesos que pasaron antes y durante el recital.

Las entradas se agotaron desde enero, dejando a cientos de fans con la firme intención de ingresar. Con su mística rockera intacta, el Teatro Flores se desbordó ante una convocatoria que superó todas las expectativas. Afuera, el mercado de reventa elevó los precios, con entradas ofrecidas por hasta 150,000 pesos; adentro, el público vibró desde temprano, canalizando años de espera y ansiedad.

En cuanto al sonido, la planta baja del teatro disfrutó de lo mejor de la mezcla: potente, nítida y con el volumen adecuado. Sin embargo, quienes ocuparon la planta superior no tuvieron la misma suerte. Las quejas sobre una acústica deficiente en ese sector resonaron, empañando parcialmente una experiencia que, para muchos, superó lo épico.

Más allá de los inconvenientes técnicos, W.A.S.P. dejó claro que sigue siendo una fuerza viva del metal. Su paso por Buenos Aires fue, una vez más, un acto de comunión con un público que no olvida y que continúa eligiendo el metal como su bandera de rebeldía y pasión. Sin embargo, el sabor a despedida es innegable: después de tantos años de ausencia y con una banda que carga con décadas de historia, resulta difícil imaginar un nuevo retorno a corto plazo. Si esta fue su última actuación, quedará grabada a fuego en la memoria de sus seguidores.

Agradecemos como siempre a nuestra corresponsal Gabriela Munoz Olios y a nuestra otra reviewer que estuvo presente Amira que aporto las fotos de kikawasp.

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