El lunes 5 de abril, el Teatro Cariola de Santiago de Chile se convirtió en el epicentro del metal al recibir, por segunda vez, a Powerwolf, con Lord of the Lost como banda invitada y Hëiligen en el papel de teloneros. Aunque la entrada presentó un retraso de aproximadamente 20 minutos, todo se disipó en cuanto comenzó el espectáculo, el cual fluyó a pesar de algunos contratiempos menores, sin que esto opacara la intensa velada que se avecinaba.

Hëiligen fue la banda encargada de abrir la velada, inundando el escenario con su potente power metal, encendiendo la llama del Cariola y preparando el ambiente para lo que se convertiría en un verdadero incendio musical.

La primera banda en salir al escenario fue Lord of the Lost. Desde su primer tema, «The Curtain Falls», la conexión con el público chileno fue inmediata y palpable. Con una interpretación poderosa de «The Future of a Past Life», y la energía desbordante de «Destruction Manual», Chris «The Lord» Harms no dudó en acercarse a la audiencia, creando momentos que resonaron profundamente en los corazones de los presentes. Cada acorde, cada letra, elevaba el fervor del público, convirtiendo el recinto en un hervidero de emociones.

A medida que avanzaba su actuación, la banda ofreció una secuencia impactante de temas que incluyó «Loreley», «For They Know Not What They Do», «Six Feet Underground», «Born With a Broken Heart», «Live Today», «Drag Me to Hell» y «Blood & Glitter». La interacción entre los miembros de la banda y los fans era evidente, y Class Grenayde, con su carisma, se convirtió en un auténtico animador del evento. Mientras tanto, Pi Stoffers deslumbraba con su estilo único de tocar la guitarra, aportando una energía desbordante. Gared Dirge, Niklas Kahl y Benjamin Mundigler también desempeñaron un papel fundamental, canalizando su fervor a través de riffs contagiosos y melodías que resonaban profundamente en todos los presentes.

Con el ambiente cargado de expectativa, el escenario estaba listo para recibir a Powerwolf. La espera se tornó en júbilo cuando la banda inició su actuación con un poderoso grito de guerra musical: «Bless ’em With the Blade». En ese instante, el Teatro Cariola se transformó en un auténtico templo del metal, donde cada nota resonaba como un latido del corazón colectivo de todos los aficionados.

Cuando «Incense & Iron» comenzó a sonar, la voz robusta de Attila Dorn, impregnada de una pasión contagiosa, se elevó por encima de la multitud, invitando a todos a unirse en un clamor frenético. La atmósfera se cargó de un carácter casi litúrgico; Powerwolf ofreció no solo una actuación, sino una ceremonia en la que el metal se convirtió en una verdadera religión. Cada acorde de «Army of the Night» resonaba con una devoción casi espiritual, llevando a los presentes a un lugar donde todo lo demás se desvanecía.

El set continuó con temas como «Sinners of the Seven Seas», donde la perfección técnica de los guitarristas Charles y Matthew Greywolf, junto a la contundente percusión de Roel van Helden, crearon un ambiente glorioso. La destreza de Falk Maria Schlegel en los teclados añadía una dimensión épica, singular en su ejecución, mientras que los fans navegaban por la experiencia como una comunidad unida por la música.

Momentos culminantes llegaron con «Heretic Hunters» y «Sainted by the Storm», que se transformaron en verdaderos himnos de adoración; «Blood for Blood (Faoladh)» y «Sanctified With Dynamite» llevaron la energía a niveles estratosféricos. Finalmente, el cierre del show con «We Drink Your Blood» y «Werewolves of Armenia» selló una noche mágica, donde el fervor del público alcanzó su clímax, creando un auténtico frenesí de metal y camaradería.

La entrega de Powerwolf no solo fue un espectáculo musical; fue una experiencia trascendental que unió a todos los presentes en una celebración del metal como un estilo de vida. Cada acorde y cada grito resonaron en nuestros corazones, marcando esta noche como una de las más memorables en la historia del metal en Chile.

Agradecidos con Chargola Producciones por este show inolvidable.

Fotos y Review: Mauricio Montano Rojas y Estefania Varela Tapia

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