La visita de AC/DC a Latinoamérica se convirtió, sin duda, en uno de los acontecimientos más esperados del último tiempo. Tras años de giras que omitían nuestro continente, la deuda finalmente fue saldada con una serie de presentaciones que marcaron a miles de fanáticos.

Este 2026 tuvimos la oportunidad de presenciar dos fechas clave: en Santiago, donde la banda no se presentaba desde 1996, y en Buenos Aires, ciudad que los recibió por última vez en 2009. En Argentina, tres shows completamente agotados reafirmaron una pregunta que sigue vigente: ¿podrá su público volver a ser considerado el mejor del mundo?

30 años de espera, 170.000 almas, un solo sentimiento. ¡AC/DC saluda a Santiago!

Tras varios años de espera, la espera se había terminado. AC/DC llegaba con The Pretty Reckless como banda soporte, con dos fechas: el 11 y el 15 de marzo en el Parque del Estadio Nacional. Nosotros estuvimos presentes el 15, en la segunda fecha.

Una cita con mucha expectativa, ya que el día 11 estuvo plagado de problemas: técnicos en el sonido y, sobre todo, en el aspecto visual, porque no se disponía de suficientes pantallas y el escenario no era para nada visible desde las zonas traseras. Un recital que solo pudieron disfrutar plenamente el sector PIT y algunas filas del Campo Delantero. Esa noche fueron aproximadamente 90.000 personas, que respondieron con pogos, saltos de emoción y las infaltables bengalas.

El día 15 pudimos conocer a colegas del hard rock de Colombia, Guatemala, Ecuador, Perú, Bolivia, Italia, Alemania y Estados Unidos. Habíamos estado desde el día anterior haciendo la fila para tener primera fila. Desafortunadamente, al día siguiente habilitaron otro acceso al sector PIT que no habían informado, y además abrieron más temprano, logrando que quienes estuvieron toda la noche perdieran los mejores lugares.

La velada empezó con The Pretty Reckless, banda liderada por Taylor Momsen (mejor conocida como «la niña del Grinch»), Ben Phillips (guitarra líder y coros), Mark Damon (bajo) y Jamie Perkins (batería). Una banda de hard rock con toques de punk. Un rock duro con una presencia carismática de Taylor, que además trajo sensualidad al escenario, logrando encender el fuego interno de los presentes, listos para recibir a las leyendas vivas.

A las 9 en punto empezó el intro con un rugir de motores, similar a nuestros espíritus con hambre de rock and roll. Ya había llegado el momento de saltar y corear nuestras canciones favoritas. La primera canción fue «If You Want Blood», seguida de un himno que la humanidad cantará por el resto de su existencia: «Back in Black«. Fue una noche de hits tras hits, donde tres o hasta cuatro generaciones disfrutaron. «Thunderstruck» fue una de las canciones más esperadas, y Brian no dudó en cantarla con todo su corazón. Una canción después, había llegado el momento de que las campanas del infierno sonaran en todo Chile: la campana de una tonelada descendió en el escenario para dar inicio a «Hells Bells».

Existen canciones que nos llevan al cielo, a recordar amores. Pero esta vez era momento de ir al mismo infierno de la mano de los riffs de Angus Young con «Highway to Hell». El público no dudó en saltar lo más alto que pudo y, sobre todo, cantar a todo pulmón los coros. El mismo Brian se arrodilló ante el público tan eufórico. Siguieron éxitos como «Shoot to Thrill», «High Voltage» y «You Shook Me All Night Long».

Angus nos mostró por qué sigue siendo un dios vigente de la guitarra a sus 71 años —muchos de nosotros envidiamos su salud, su energía y esas rodillas que no paraban de hacer sus clásicos pasos—. Nos regaló un majestuoso solo en «Let There Be Rock», donde al final se elevó sobre su público, se tiró al piso y dio vueltas al ritmo de su guitarra, que seguía el tempo de nuestros corazones, que iban a mil por hora.

La noche ya llegaba a su fin con el penúltimo tema, «T.N.T.», donde Angus, con una voz enérgica, nos marcaba el ritmo para corear la canción.

Lamentablemente, todo gran concierto tiene que llegar a su final. Se despidieron con «For Those About to Rock (We Salute You)», sacando sus cañones que se escucharían en todo Chile, saludando a todos los que amamos esta música. Y tras la última nota, nos regalaron un hermoso show de fuegos pirotécnicos que se vieron por todo Santiago.

Hay veces que la vida no da segundas oportunidades, pero ver AC/DC es algo que realmente se pueda repetir una vez más en esta vida.

Lo peor del show en Chile

La pésima organización del acceso al PIT: Personas que hicieron fila toda la noche para tener primera fila perdieron su lugar porque al día siguiente habilitaron otro acceso no informado y abrieron más temprano. Una falta de comunicación imperdonable.

La falla visual repetida: Al igual que en la primera fecha, las pantallas gigantes fueron insuficientes y el escenario no era visible desde las zonas traseras. Los asistentes de Campo Delantero trasero y Campos Posteriores prácticamente no vieron nada.

La ubicación del recinto: El concierto se realizó en el Parque del Estadio Nacional, no dentro del estadio. Eso provocó una distancia excesiva entre el escenario y gran parte del público. Si se hubiera hecho dentro del Estadio Nacional, con capacidad reducida pero mejor visibilidad, tranquilamente se habrían logrado tres noches sold out con 100.000 personas que realmente pudieran ver el show, en lugar de 170.000 personas repartidas en dos fechas con visibilidad deficiente.

«Holy shit»: la lluvia, las bengalas y los 20 minutos de Angus en el regreso más esperado de AC/DC a Argentina

El recital de AC/DC en el Estadio Monumental fue uno de los regresos más esperados en Argentina tras varios años sin presentaciones en el país. Desde la previa se respiraba un clima de fiesta: miles de fans de distintas generaciones colmaron el estadio con remeras clásicas y una expectativa altísima, reafirmando la histórica conexión entre la banda y el público argentino. Las tres fechas fueron una locura, pero la del 27 de marzo —la que tuve la suerte de vivir— fue simplemente inolvidable.

La noche comenzó con Eruca Sativa como primer telonero, seguidos por The Pretty Reckless, la banda liderada por Taylor Momsen, que aportó potencia y carisma. En pleno show empezó una lluvia que no paró hasta el final, pero lejos de arruinar la noche, encendió aún más los ánimos del público.

El equipo tuvo que secar varias veces la pasarela mientras algunos fans temían demoras o incluso una cancelación. Nada de eso pasó. Cuando se apagaron las luces, todo se transformó en pura euforia.

El show arrancó con una descarga inmediata de energía, con un video de ingreso especial para Argentina y un comienzo demoledor que mantuvo al público de pie desde el primer segundo. La banda sonó sólida, con Brian Johnson en voz, Angus Young como guitarrista principal y figura central con su icónico uniforme, Stevie Young como guitarrista rítmico, Matt Laug en batería y Chris Chaney en bajo.

El repertorio estuvo centrado en los grandes éxitos, reforzando el carácter nostálgico del recital. Temas como «Back in Black», «Thunderstruck» y «Highway to Hell» fueron puntos altísimos, con todo el estadio cantando al unísono. No hubo grandes sorpresas, pero la selección fue efectiva y celebrada.

Uno de los momentos más emocionantes fue «Hells Bells» con la icónica campana descendiendo sobre el escenario. Además, volvieron a verse bengalas entre el público, algo que no ocurría desde hace años en Buenos Aires tras la tragedia de Cromañón.

En «Highway to Hell», Brian Johnson, visiblemente emocionado al ver al público coreando y saltando al mismo tiempo como en el tour del 2009, lanzó un espontáneo «holy shit» al ver la reacción del público. La ovación fue total, sin que la lluvia lograra apagarla. De hecho, el clima aportó una imagen única: el vapor que se elevaba de los cuerpos de los fans daba la sensación de que el estadio entero estaba envuelto en humo.

En «High Voltage», Brian volvió a demostrar su conexión con la gente, interactuando constantemente: bailó, recorrió el escenario y alentó al público a cantar en coro, generando uno de los momentos más participativos y enérgicos de la noche.

El punto más alto llegó con «Let There Be Rock», cuando Angus Young se adueñó del show con un solo de más de 20 minutos. Recorrió todo el escenario, se tiró al piso y siguió tocando bajo la lluvia, en una demostración de energía y entrega impresionante.

En cuanto a la performance, Angus fue el gran protagonista visual: con su clásico uniforme escolar y una vitalidad inagotable, no paró un segundo. Por su parte, Brian Johnson cumplió con solidez y potencia, manteniendo intacta la esencia de la banda.

La puesta en escena estuvo a la altura: pantallas gigantes, luces sincronizadas y efectos visuales acompañaron cada tema sin opacar la música. La euforia del público era tal que incluso hacía temblar las cámaras. Algunos fans se quejaron del sonido, pero en medio de tanta intensidad fue difícil notarlo.

El cierre con «T.N.T.» y «For Those About to Rock (We Salute You)» terminó de coronar una noche épica con sus clásicos cañones y fuegos pirotécnicos al final del recital.

En términos generales, el show no buscó reinventarse, sino reafirmar su fórmula: rock directo, sin vueltas, basado en la energía y la conexión con el público. Y justamente eso fue lo que lo hizo tan efectivo.

Fue una verdadera celebración del legado de AC/DC. La banda demostró vigencia, profesionalismo y una capacidad intacta para convocar multitudes. Para el público argentino, no fue solo un concierto, sino un reencuentro cargado de emoción con una de las bandas más influyentes del rock.

📌 A destacar de las 3 fechas del concierto:

  • Stevie Young se recuperó a tiempo de un problema de salud y pudo presentarse en las tres fechas, demostrando compromiso y solidez en cada show.
  • Angus Young incluyó detalles en su vestuario en homenaje al país en la primera fecha y celebró su cumpleaños número 71 en la tercera fecha, con el estadio cantándole.

✅ Lo mejor:

La lluvia de la segunda fecha y los truenos en la tercera fecha, acompañantes del show, y la energía del público.

❌ Lo peor:

La organización del campo en la primera fecha generó críticas, ya que el sector trasero resultó demasiado reducido y dio la sensación de un campo delantero parcialmente vacío. Esta distribución fue ajustada y corregida en las fechas siguientes.

Fotos y Review (Chile): Mauricio Montaño
(Argentina): Gabriela Muñoz

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